Significado: Paso del alma de un cuerpo a otro tras la muerte. También se utilizan los términos transmigración y metempsicosis. Tanto el judaísmo como el cristianismo rechazan está práctica, lo mismo que los musulmanes, aunque si es aceptada por las religiones orientales.
Conocida desde la más remota antigüedad, esta doctrina de la transmigración de las almas evolucionando en vidas sucesivas, se enseñó en la India, en Egipto y en Grecia. Es la base de las enseñanzas de los Druidas; la volvemos a encontrar en Zoroastro, el Cristianismo primitivo, figura en el Zohar, que es el aspecto esotérico de la Kabbala, etc.. Todavía hoy en día, la profesan miles de orientales.
La investigación científica, generalmente, deja de lado las experiencias relativas al devenir de un ser y su eventual supervivencia. Algunos científicos bien intencionados califican estas investigaciones de “falsa ciencia” y levantan el obstáculo de un cartesianismo mal entendido ante el progreso de un acercamiento a los problemas esenciales. Los fenómenos de otra vida y de la reencarnación se relacionan sobre Toto a los lazos que existirían entre la individualidad terrestre y la personalidad cósmica profunda. Es bajo el aspecto de un ciclo que pone en juego las dos entidades que hay que estudiar los hechos en cuestión.
¿Nacer o renacer? He aquí la cuestión, podríamos decir. Buscando comprender de dónde viene el alma, sabremos quizá si ésta vuelve y adónde va…
Sobretodo en la India, la creencia en la transmigración de las almas está muy extendida, hasta el punto de hacerse convertido en una verdadera doctrina. Muchas culturas, entre las cuales se hallan las de los antiguos griegos, los primeros cristianos y los gnósticos, fueron sensibles a este asunto. Se encuentran alusiones al respecto en las obras de Pitágoras, platón y Plotino. No obstante, los pueblos de Mesopotamia –sumerios, acadios, caldeos, hebreos, etc.- eran demasiado pragmáticos y realistas, y con una interpretación de la existencia humana muy fatalista, como pare creer en una supervivencia del alma y en su posible reaparición bajo una nueva envoltura carnal. Así mismo, si bien los egipcios creían con certeza en otra vida después de la muerte –El libro de los muertos, las tumbas de los faraones y los ritos realizados en Egipto son pruebas tangibles de ello-, en sus creencias nunca aludían a una nueva manifestación del alma en otro cuerpo. Por lo tanto, fuera de los sistemas elaborados por el hinduismo, por una parte, y por el budismo, por otra, no existe ninguna reflexión seria y profunda que se base en el principio de la reencarnación. Cierto es que por dondequiera que se escuche, se cuentan y se revelan testimonios, relatos o anécdotas a partir de las cuales podrían elaborarse hipótesis relativas a dicho principio. Pero en ninguna parte encontramos, como en la India o en el Tíbet, una convicción profunda y serena, referida a apariciones en la Tierra de la misma alma a lo largo de los siglos y de los milenios.
LOS POSTULADOS DE LA REENCARNACIÓN. La creencia en la reencarnación implica el planteamiento de ciertos postulados. En primer lugar, hay que creer en la realidad del alma, considerarla como una entidad más o menos autónoma, que podría existir sin el cuerpo o fuera de él. Por lo tanto, se trata de creer en su supervivencia después de la vida sobre la Tierra y tras la existencia corporal. También se trata de creer en un lugar donde el alma prosigue su evolución, donde se encuentra a la espera de una envoltura carnal. A continuación, se hace necesaria la creencia en un principio según el cual, en la vida intrauterina o en el instante mismo del nacimiento, se produce un fenómeno que favorece la impregnación de un alma (un ánima) en un cuerpo para darle vida, es decir, para animarlo. De este modo, ya que todo esto debe tener un sentido, una justificación, una razón de ser, hay que creer en el destino del alma y, por lo tanto, postular que nada se pierde en nada se olvida totalmente y que de este modo, el alma reencarnada tiene la misión de realizar una tarea determinada y debe someterse a unas pruebas que le permitirán acceder a un nivel de evolución o de consciencia superior. Resta un último postulado: la trascendencia del ser cuya alma es potencialmente capaz. Resumamos estos seis postulados, que hemos de tomar en consideración si queremos entender los criterios de esta creencia:
El alma existe - El alma sobrevive después de la muerte del cuerpo físico y fuera de él - Existe una especie de purgatorio, de lugar donde van las almas que han dejado el cuerpo físico y donde se preparan para una nueva reencarnación - Una misma alma reaparece en un nuevo cuerpo. Incluso puede producirse este fenómeno numerosas veces, a lo largo de los sigilos y los milenios. - El alma memoriza las experiencias que ha vivido durante sus diferentes reencarnaciones. Por tanto, existe una tarea, una misión, un destino para cada alma. - Las reencarnaciones sucesivas de una misma alma en diferentes cuerpos tienen un fin; pues éstas sólo son pretextos para elevar al alma a un nivel de consciencia superior.
Sin embargo, todo esto no responde a otras preguntas esenciales que nacen evidentemente de tales principios. Estas son: ¿de dónde viene el alma? ¿Es eterna? Y, en caso de una respuesta afirmativa, ¿por qué y cómo lo es? ¿Según qué criterios deja de reencarnarse? Cuando ya no necesita reencarnarse en un cuerpo físico, ¿qué hace, y a dónde va? Veremos cómo los hinduistas y los budistas justificaron tales postulados y respondieron a estas preguntas, y también cómo algunos testimonios, ajenos a estas religiones, coinciden a veces con ellas.
UNA BREVE HISTORIA. La creencia en la existencia del alma es sin duda muy antigua. Coincide con la creencia en un más allá, que sobrentiende la idea de la supervivencia del alma después de la muerte del cuerpo, es decir, de una parte que no muere del todo. Nuestros antepasados neandertales, hace aproximadamente 80.000 años, acostumbraban a entregarse a unos ritos funerarios más o menos elaborados, por lo cual puede decirse que “creían ya en algo, en cualquier otra parte…”.
Más cerca de nosotros, podemos leer en el antiguo catecismo de la doctrina cristiana esta definición sublima, que podríamos considerar moderna, de la existencia del alma: “El hombre es un animal racional constituido por un alma y un cuerpo”.
¿PODEMOS CONOCER NUESTRAS VIDAS ANTERIORES? Que el alma se reencarne implica, evidentemente, que antes ha estado encarnada. ¿Podemos, debemos, y, en caso afirmativo, cómo descubrir y conocer nuestras vidas anteriores? ¿Se puede hacer? Si afirman algunos médiums, los cuales pretender poseer el poder o el don de leer en el gran libro de las almas, de ver, de revelar bajo hipnosis, normalmente, las sucesivas manifestaciones de tal o cual alma. Un método astrológico permite también, con la ayuda de una carta astral, examinar de dónde viene el alma de la persona interesada, adónde va y cuál es su cometido.
Se trata de la astrología kármica, que últimamente está experimentando un gran éxito y cuyo principio se basa en la teoría de los nodos lunares y de los planetas retrógrados.
¿Debemos averiguarlo? Esta pregunta debe ser respondida por la conciencia individual y la elección personal de cada uno. Pero cabe recalcar que una interpretación de la vida en la Tierra puede conducir a ciertas personas, psicológicamente más frágiles que otras, hacia un fatalismo, un abandono, un dejarse llevar, que se opone a las verdaderas creencias en la reencarnación y a las lecciones de vida que los verdaderos creyentes obtienen de ellas.
Aunque numerosos casos han sido registrados y estudiados por los científicos, uno de los más inquietantes es el caso de Shankar.
El 19 de enero de 1951 Munna, un pequeño de seis años, juega delante de la tienda de su padre, peluquero de Kannauj, una importante ciudad del norte de la India. Dos desconocidos aparecen repentinamente y sin que nadie los observe raptan al niño. Al constatar su ausencia el padre, Sri Jageshwar Prasad, se inquieta. Hace buscar a Munna y algunas horas más tarde encuentran el cadáver del pequeño degollado a la orilla de un río. Muy pronto dos hombres son detenidos y uno de ellos confiesa el crimen, pero luego se retracta. Como no se logra encontrar ninguna prueba formal de su culpabilidad, la policía decide soltarlos. La familia de Munna queda desamparada y la madre sufre graves problemas nerviosos.
LAS CREENCIAS EN LA REENCARNACIÓN
EN EL ANTIGUO MEDITERRÁNEO.- La noción de reencarnación aparece en muchas corrientes filosóficas y religiosas de la antigüedad en el Mediterráneo, tales como el orfismo egipcio, el maniqueísmo, el pitagorismo y el neoplatonismo. Como otra faceta del culto a los ancestros practicado durante mucho tiempo en las antiguas religiones, esta noción es también una forma de acercar el mundo de los vivos al de los muertos.
EN LAS SOCIEDADES AFRICANAS.- En ciertas etnias la creencia en la reencarnación juega un importante rol social. Entre los asahti de Ghana la "sangre" renace por la línea materna mientras que el "principio masculino" refleja el culto a los ancestros y el alma se reúne, en su esencia, con la divinidad. Por el contrario los kikuyo de Kenia distinguen dos almas en sus muertos: una "social" o colectiva que se reencarna en otro individuo y una que alcanza el mundo de los ancestros.
EN EL MUNDO OCCIDENTAL EN LOS SIGLOS XIX Y XX.- En el siglo XIX numerosos occidentales se sintieron atraídos por estas doctrinas evocadas en los textos ocultistas. Es el espiritista Allan Kardec quien lanza el movimiento de 1857 utilizando la reencarnación como fundamento de su "religión universal". En los años de 1930 la inglesa Joan Grant publica numerosas obras sobre sus "vidas anteriores". Ella recuerda ser la hija de un faraón, haber vivido en Grecia de Alejandro, en la Inglaterra medieval y en Italia durante el renacimiento. Algunas de sus declaraciones son sorprendentes, pero los destinos excepcionales que ella se atribuye en cada reencarnación contribuyen a hacer dudar de su sinceridad. En la segunda mitad del siglo XX renace el interés por las doctrinas orientales y numerosas personalidades, entre ellas el modisto Paco Rabanne, afirman creer en la reencarnación.
EN LAS CREENCIAS ORIENTALES.- Sigue siendo en Asia donde el principio de la reencarnación está más expandido. En la India por su puesto, pero también en China, Japón, Mongolia, el Tíbet, Indonesia... El caso más conocido es el del Dalai Lama, guía espiritual de los tibetanos. Cada Dalai Lama es la reencarnación de su predecesor. Es difícil obtener cifras exactas sobre el número de creyentes, sobre todo por el ateísmo oficial de China que oculta un gran número de fieles, pero se puede decir que hoy más de mil millones de personas pertenecen a alguna religión que admite la reencarnación.
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